Ya sé por qué me gusta la Virgen,
porque queda embarazada
con un beso nomás.
Eso le hace falta
para entrar
a la cosquilla nutriente,
a la luz polinizante,
le hace falta
la fe de un beso.
Que se le noten en los ojos
los ángeles al cielo,
y den la cara,
que se le escape al estigma la risa,
y burbujee,
que le hierva al vino su sangre.
Porque si hay que ser un santo,
quiero ser el santo del beso.
Que todo el cielo se dé
una vuelta carnero,
y quede el corazón boca abajo.
Y después,
si quieren,
que se encienda
la cruz primaveral,
que se le abra un abismo frutal
al relámpago mamengo,
que anuncien la tormenta
sus cachetes
¡que se ponga colorado cielo!
¡que se emputezca!
Ganas de llover que le den,
y a todo sol que llueva,
sin una sola nube
¡Re-caliente el cielo!
¡Que la lluvia anuncie la tormenta!
¡Eso es amor, bebé al papá!
un amor para morirse
de arco iris entero.
Yo le doy, si me dejan,
uno solo
y después
que se meta el Señor,
antes que el Diablo
si quiere,
con todo su sabor,
con todo su viento,
porque si tiene que haber,
crucificada en la Historia,
una puta del Tiempo,
la puta mística y total,
¡la puta Madre, carajo!
que la haya,
pero que sea la Virgen,
embarazada con un beso.