28 abril, 2015

SÓNAR

Para Hugo Ledesma

"Cuando digo algo, inmediata y definitivamente pierde toda su importancia; 
cuando lo escribo, también la pierde, pero a veces gana otra" Kafka, Diarios


Un hilo de sol en el encierro, una brizna musical 
despabilan el anhelo vegetal hacia la química del aire,
lloviznan de oasis.

Él no era de escribir, pero alguien le dejó al alcance...

"porque acá se te ocurren cosas". Ahí despertaría
el deseo, en ese límite.


Mi silencio rezaba contra el silencio
para que alguna música (por pobre 

que fuera), de algún coche exagerado que pasara 
por la calle, me llegara, me cuenta,

y oí de pronto
y era toda mi existencia para dar

volumen al oído, que la fiebre agudiza,

minaba de escucha la piel
de tensión auditiva los músculos

de acústica la carne paciente;

y alcancé a reconocer:
canción de las que herrumbran el martillo y el yunque.

Sin embargo (maldita)
fue hoja de aire en el pulmón desierto.

Sucia melodía umbilical de la ariádnida cultura. 

Él no era de escribir pero sintió la emergencia: 

si no se escribe en el momento se pierde 
la vida del sentido. No podía levantar
siquiera el dedo. De reojo
el cuerpo 
renegándosele al alma. En ese instante, 
en ese gesto, el signo vivo.

Me contó su experiencia, de cruce, recién, en el pasillo,  

y el deseo le volvía al hablarlo, y ahora,
el que trata de anotar, aunque demore, por la misma sensación
de que solo si anotamos el instante al instante 
es huella la palabra, ruina de un paisaje 
que levantan las estrellas
de memoria, soy yo.


Como si en cada instante palpitara la linfa verbal, 

y se afirmara en la urgencia de raíz,
irrigada en qué profunda tierra o cielo.
Toda mínima aventura, narrativa lirizada de misterio,
racimada de temblores primitivos, tendería

a volverse sus palabras.

O el entrever de oídas lo que ese resplandor o hilada anuncia
con el riesgo de forzar una máscara bizarra,
disonancia nauseabunda de volverlo mundo o símbolo.


Trato de anotarlo ahora, en la ansiedad de fijar
una trama, una imagen
que permita reescribir en reflujo de intuiciones;
palabras que están llenas de palabras,
cosas que están llenas de palabras y de cosas.

O quizá el poema es el subsuelo de una sola palabra,
bulbo del témpano, tímpano de agua, de un poema superior
o el que no deja de escribirse y no se alcanza
a oír como la música del caos, sus armónicos astrales.


O al que oye en sus ojos las voces
de los muertos, el eco de horizonte
como el sound navigation and ranging
le ilumina las distancias, las simas y bajíos a partir
de las ondas acústicas.


Así el poema o el instante en su palabra, en la agónica ternura

del que a la vez escucha y dice en un regreso que avanza, 
en la alegría de abismarse que no basta con nombrar 
y que envuelve cada diálogo en tormentas que abren luz,
como en un cuadro de Turner, que desvela
en la deriva, en la conciencia de no estar 

preparados todavía
si se tomara el timón.





sónar: del ingl. sonar, acrón. de sound navigation and ranging, navegación y localización por sonido). Aparato que detecta la presencia y situación de objetos sumergidos mediante ondas acústicas, producidas por el propio objeto o por la reflexión de las emitidas por el aparato.

25 abril, 2015

trasmallo de palabras el poema
arrojado a la corriente al silencio

tironeos que despiertan
al que la luna o el vado vela

barranca de un sueño leñoso
luminescer del liquen, la brújula del monte
arenas de un junco afilado

prendido el pez o el astro
a bote se deshace
en su asfixia, en su cárcel del aire
desleído en las sílabas silbantes

el día tejerá otra red
para otra noche

escozor de chuza en los dedos
que solo la orina calma

11 abril, 2015

TELÉFONO

          Lucas llamó por teléfono para avisar que llegaría más tarde. Julia miró el reloj y puso la hornalla al mínimo. A la cena casi lista le faltaba condimento.
        Lucas advirtió que la puerta estaba sin llave cuando llegó. Al entrar, el silencio se le vino de golpe. La casa nunca lo había recibido tan callada. Amor, ¿estás?, llamó con tono algo perplejo. Seguro que fue hasta el almacén de la esquina, pensó casi diciéndolo, por eso dejó la puerta sin llave; ¡igual, qué mala costumbre!, se quejó ahora en voz baja.         
          Recorrió las habitaciones imaginándola, en el trayecto de una a otra, desmayada o dormida. Salió al patio, y en el tendedero los broches sin ropa. Volvió al dormitorio y miró debajo de la cama imaginándola escondida. Julia era capaz de un chiste así. ¿Dónde está? Si hubiera ido al almacén ya habría vuelto.
          Mientras buscaba la libretita de los números para llamar a alguna de las amigas de Julia y preguntar por ella, empezó a sonar el teléfono. Atendió:
-Hola.
-Hola, ¿hablo con Diego Mollo?
-No señor, equivocado -contestó y cortó-.
            Enseguida volvió a sonar el teléfono:
-¿Quién habla?
-Uy, perdón, soy quien acaba de llamar. No sé qué pasa. Perdón.
Se ve que tiene el dedo bastante terco, pensó Lucas tras cortar. Y volvió a llamar el teléfono,  inmediatamente:
- ¿Sí? ¿Quién es?
- Perdón… soy yo –la misma voz-, le juro que marqué 43-55-34.
- ¡Esto es ridículo!
- ¿No es 43-55-34 ahí?
-Aquí es 4-3-6-6-3-3, 43-66-33. ¿Le queda claro?
- Perdone, perdone. No se enoje. Pero le aseguro que no es ninguna broma –dijo el otro y cortó.
          Al instante, ¡el teléfono vuelve a llamar! ¡Ah, no! -se queja- no lo pienso atender. Pasó poco más de un minuto y el teléfono comenzó de nuevo. Pucha, pero ¿y si ahora es ella? Levantó el tubo:
-Sí, ¿quién habla?
-Eh,… disculpe… -era la misma voz-
-¡Yo no lo puedo creer!
-… soy… yo...
- ¿Quién lo contrató a usted?
-Sí, eh… cómo decirle. Yo también estoy descolocado. Pero mire una cosa, antes de volver a llamarlo, se me ocurrió marcar el número que usted dice que es el suyo, 43-66-33, y me atendió una tal Julia -quedó mudo al oír el nombre-, así que temo que el problema no es mío. Voy a denunciar la situación, porque acá el chistoso parece que no soy yo.
-Pero… -profirió entrecortadamente- esto es absurdo -y más asustado que rabioso, cortó.
          ¡Pero cómo!, habló con Julia. ¿Qué locura es ésta? ¿Quién es este tipo? ¿Cómo no le pregunté quién era? ¿Quién carajo es Diego Mollo?
          Lucas, cediendo un poco a la extrañeza, marcó el 435534, y sonó ocupado. También suena así cuando uno marca su propio número. Mierda, y si este tipo tiene… ¿Cómo voy a olvidar mi propio número? Marcó ese número varias veces y le dio siempre ocupado. ¿Será posible?, susurró no pudiéndolo creer.
          Resignándose a la locura de la situación, ahora decidió marcar 436633, el número de su casa, ahora absurdamente puesto en duda; lo lógico, se sabe, sería que suene ocupado. Marcó y no sonó como tenía que sonar. No sonó ocupado. Dejó que el timbre llamara dos veces pero antes de que alguien atendiera cortó, horrorizado. ¡No puede ser! Ya nervioso, volvió a marcar: 4-3-6-6-3-3. Sonó tres veces y atendieron: “Hola, ¿quién es?”: era la voz de Julia. Quedó duro. “¿Quién habla?”, repitió con más fuerza Julia, que colgó al no recibir respuesta. Lucas quedó farfullando: no puede ser, no puede ser, ridículo, ridículo, ¡qué locura!
Sintió la urgencia de fumar y salió de la casa para ir hasta el almacén, y de paso preguntar por Julia. Qué caripela, che, qué te pasa, te agarraron de pitín, le dijeron al entrar. ¿Tenés cigarrillos?, pidió serio. Mirá, tu mujer se olvidó la pimienta. Y antes de que hiciera la pregunta, agrega el almacenero: se acaba de ir…
Tomó los cigarrillos y la pimienta con ansiedad y volvió a su casa. Se sentía mareado, llegó apoyándose en las paredes. Quiso meter la llave para abrir la puerta y no pudo; había una llave del lado de adentro. Desvanecido, cayó contra la puerta. “Qué pasa, qué pasa”, se escuchó desde adentro, “¿sos vos, mi amor?”.


10 abril, 2015

¡VAMOS AL CRISTO ENMACANADO!

¡Vamos hasta el Cristo enmacanado!
Lo cubren con mantel pero se nota el milagro.
Vamos hasta el Cristo magdaleno, erotizado.
Cristo muerto, sexo vivo, pijotero el milagro.

Vamos hasta el Cristo venusino 
a rezar el verbo afro, el verbo copulativo,
y que sea redivivo
desde el filo del falo.

Sépalo el cáliz: 
la antera hacia el estigma
y éxtasis de estilo.

Vamos hasta el Cristo erecto
por el camino recto
perenne en los anales.

Vamos y recemos y rocemos,
hasta el Cristo edenizado,
hasta el candente nazareno.

De la luz p
rimaveral sutura
con Jesús polinizante en las heridas.
Absuelto Dios del hombre en la desculpa mutua
por Jesús regenerado.

¡Vayamos a la misa del dios enmacanado!
clavados a su tiempo vivo
al libre eternizante amor
de su cuerpo sensual resucitado.

Biobiblio

Martín Pucheta (Gualeguaychú, 1981) publicó Superjardín (En danza, 2010), Superbóreos (Zorra/poesía, 2009), Matota (2009; La gota, 2010), Sonajero de misterio: los tomuer, (2009) -con Nicolás Cambon-, La Rusa -Matota II- (Singular, 2011), río raíz (Singular, 2012), Podría haber sido un haiku (Singular, 2014), Tocar de oído (2015), Estudios del Cambio (2017) y Aerolinda (La Gota, 2017).

Integra las siguientes antologías de poetas: Última poesía argentina (En danza, 2008), Felicidades también (18 poetas) (2005), Poemas con famosos (Ananga ranga, 2010), Palimpsesto-parrincesto, antología enfermiza (Ananga ranga, 2011), Hijo e pluma (Ananga ranga, 2014), La Plata Spoon River (Libros de la talita dorada, 2014) y, de la Colección “Prismática Argentina”, nº 1 Amor y n° 4 Plantas (En danza, 2015 y 2017).

Participó del 24° Festival Internacional de Poesía, Rosario 2016.
Participa del Encuentro Nacional Itinerante de Escritores (ENIE), del cual coordinao la organización de la 6° edición en Gualeguaychú (2013) . Forma parte de las bandas Leda lid y Arboreal. Ha escrito letras para canciones de Juan Pablo Pérez y Cato Fandrich. Trabaja en escuelas secundarias como profesor de Lengua y literatura.