A Luis Luján
Si ya no puedo responder a la demanda,
si me ven moribundo o apagado,
no me dejen en la puerta del sanatorio,
dejenmé en la biblioteca, por favor.
Si ya se están por no reír y por asquear,
si el empacho se les sube a la cabeza,
¡tráiganle,
traigan el centímetro a la abuela y que los mida!
¡Tráiganle!, y la abuela les eructa el fantasma,
¡traigan al centímetro una abuela!
Me pasó con la linda Štěpánka.
Nos levantamos y me dijo "¿por qué
no nos casamos, si nos llevamos así?"
" 'tás loca", me salió y sorbí con ruido el té.
Salimos en remís y me dejó
en el “Mañasco”. Algún mensaje
más intercambiamos a distancia
pero ya no nos vimos. Y pasa:
despertamos del otro.
Lo cuento porque siempre agrego,
o saco una palabra, o rebajo con sentido
del mal lo que llaman lo poético
como si fuera la vacuna
de esa cepa, en este invierno.
Aunque la rabia o la vergüenza les gane,
solo escuchen mi última palabra:
"biblioteca,
biblioteca…"
Es ahí, en el extremo me centro
para buscar o esperar. O patear
con el Luis en el rincón para niños
donde hay alfombra para el vuelo.
Entre los libros el muerto
se le ríe al degollado.
Así que a contrazar diría,
aunque el antojo final es del tiempo:
si ya cuelga mi ángel del suero,
si mi sombra ya mancha mi sangre,
no me dejen al umbral del sanatorio,
dejenmé en Camila Nievas, por favor.
Arrojenmé entre los libros
apedréenme con libros
emparédenme con libros
tápenme con libros
quémenme sin otro
contexto que el texto,
consexualícenme,
líbrenme así, a mi libro albedrío,
arrojenmé por un túnel de vocales,
silbando bajo por los poros
erógeno de hormigas,
soltando como esporas
la nieve de los puntos suspensivos.
Me pasó con la linda Štěpánka.
Caer en tentaciones
que me habitan con su hábito.
Si ya no puedo responder a la demanda,
traigan un centímetro, una abuela y escuchen:
"biblioteca,
campito-biblioteca…"
La poesía funda lo permanente
porque es el reino de lo efímero.
La poesía sopla donde hiere.
La poesía
es o no es.
Como quien se sienta a matear después del trabajo,
o de regar el piso del galpón vacío,
se sentaba Chupanafta, el soldador,
en la puerta del fondo, con el fuego
de la autógena en la frente aún, con el perro
a los pies y la cortina de sauces,
con la carrocería del Ford T repleta de repuestos viejos que el óxido unifica,
y humedecía un trapo sucio con nafta de lavar
y aspiraba profundo
para mirar atardecer.
Bio-bibliografía
Martín Pucheta (Gualeguaychú, 1981) publicó Superjardín (En danza, 2010), río raíz (Singular, 2012), Podría haber sido un haiku (Singular, 2014), río raíz/podría haber sido un haiku (elandamio, 2020), Matota (Palo Santo, 2022; La gota, 2010) y en formato micro Aerolinda (La Gota, 2017).
Ha hecho circular en ediciones artesanales Tocar de oído (2015) y Estudios del Cambio (2017).
Integra las antologías Felicidades también (18 poetas) (2005), fruto de un taller de poetas seleccionados por Diana Bellessi, Última poesía argentina (En danza, 2008), Poemas con famosos (Ananga ranga, 2010), La Plata Spoon River (Libros de la talita dorada, 2014), nº1 Amor y n°4 Plantas de la Colección “Prismática Argentina” (En danza, 2015 y 2017), Antología Federal de Poesía (Región Centro) del CFI (2018), Antología Internacional "Contra molinos de viento-Poesía Fusión 2020" (edición virtual), Jardín -100 poemas sobre flores- (Camalote, 2021), Las cenizas llegaron a mi patio -Una antología por los humedales del Paraná- (Brumara, 2021) y Antología poética Braille y señas (Baldíos en la lengua, 2024).
Participó del 24° Festival Internacional de Poesía, Rosario 2016 y del Festival Poesía Ya! 2023. Coordinó la 6° edición del ENIE realizada en Gchú (2013). Trabaja en escuelas secundarias como profesor de lengua y literatura. Es responsable de la Biblioteca “Oblí Lantéc” del IOM3 (Instituto Oscar Masotta) de Gualeguaychú. Fue cantante de Leda lid entre 2004 y 2016, en paralelo tuvo su proyecto solista Arboreal; en 2022 formó Sauce Thénon, su actual banda de rock. Juega al fútbol desde chico, hoy con los Teachers y el equipo Senior del Club Juventud Unida. Es padre de Ariel y Fausto.